En un mundo caracterizado por su complejidad y dinamismo, el paradigma
emergente se presenta como una herramienta conceptual fundamental para
comprender y abordar los fenómenos contemporáneos. Este artículo
explorará las características clave del paradigma emergente, sus aplicaciones
en diversas disciplinas y cómo puede ofrecer soluciones innovadoras a los
desafíos actuales. Al reconocer la importancia de la adaptabilidad y la
creatividad en la resolución de problemas, este enfoque se posiciona como una
respuesta eficaz a las incertidumbres del siglo XXI.
“El premio
Nóbel de química, Ilya Prigogine afirmó
que “estamos en un momento apasionante de la historia, tal vez en un punto
decisivo de giro”, que se caracteriza por el surgimiento de una nueva visión de
la ciencia que se resiste a encajar en el esquema Newtoniano, excesivamente mecanicista. De alguna manera hemos
pasado de un “paradigma de relojería” en donde todo estaba mecánicamente
predeterminado, fijo y lineal, a uno mucho más abierto, flexible, holístico y
ecológico que exige de todos “una transformación fundamental de nuestros
pensamientos, de nuestras percepciones y de nuestros valores”[1].
Este
pensamiento del Paradigma Emergente,
lleva consigo un cambio de la mentalidad occidental y consiguientemente una
profunda modificación de la mayoría de las relaciones sociales, así como de las
formas de organización.
Las ciencias normalizan
las acciones del hombre, dictan los parámetros de nuestros esquemas
"normales", es decir, que todas las interrogantes deben tener una
respuesta lógica. Lo que nos
dice el Paradigma emergente, es que tomemos en cuenta que no sólo lo razonable
es lo legítimo. La ciencia ha sido fragmentada siguiendo las indicaciones
reduccionistas de los clásicos, como Descartes,
mientras el Paradigma Emergente nos
plantea la necesidad de una ciencia global que nos lleve a hacer afirmaciones
más completas.
McLuhan:
expresa
que: “nuestra
forma de pensar es linealizada y secuencial. Nos comportamos como si
estuviéramos mirando el futuro por un espejo retrovisor. Nos negamos a mirarlo
de frente. Por inercia o rigidez nos resistimos a saltar al nuevo escenario”[2].
Para vencer esa
resistencia es necesario saber conjugar armónicamente nuestra intuición y
nuestra razón. Edgar Morin[3]
nos invita a rescatar nuestra cotidianidad poética. “Vivir poéticamente es
vivir para vivir”; y añade: “sin dejar de ser prosaico vivamos poéticamente”.
Debemos soñar el futuro viviendo intensa y prácticamente el presente. La etapa del modelo mecánico que enfatizó el
orden establecido, uniformidad, control externo, estabilidad, seguridad y
equilibrio está siendo superada por una nueva cuyas características, según Prigogine, son la divergencia,
dinamicidad, incertidumbre, interacción, conectividad, interrelación, autoorganización.
La realidad cotidiana
desde la dimensión cuántica “no responde a cosas” reales, sino más bien a
miríadas de posibilidades de incontables realidades. Lo real puede ser
controlado y gobernado, lo posible debe ser deseado, inspirado, recreado. Estamos
frente a dos comportamientos, ó dos modos de ser, no solo diferentes sino con
frecuencia contrapuestos.
Al respecto Humberto Maturana, nos dice: “las
conductas humanas se constituyen desde los deseos, desde las aspiraciones,
desde las envidias, desde los enojos, desde el amor, es decir, desde las
emociones y no desde la razón, el potencial existencial está dentro de nosotros
mismos como lo están los flujos cíclicos de materia y energía generadores de la
miríada de posibilidades que como co-creadores debemos traer a la existencia”[4].
Cesarsilvamejia@gmail.com
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