EXPERIENCIA PEDAGOGICA

En nuestra institución, abundan las vivencias, pero son escasas las experiencias pedagógicas que son reconocidas por la comunidad educativa. Para que una práctica pedagógica se eleve a la categoría de experiencia pedagógica, es fundamental que atraviese por procesos de reflexión, sistematización y comunicación. Esto implica someter nuestras acciones y prácticas al riguroso escrutinio del conocimiento mismo. Significa trascender el mero acto de enseñar, convirtiéndolo de una labor rutinaria y repetitiva en una práctica reflexiva que genere verdaderas experiencias en el proceso educativo.

 “La experiencia es un continuo movimiento, es una sinergia creada por la misma acción consciente, las vivencias, los sentimientos, las interrelaciones entre los sujetos que participan del proceso de enseñanza- aprendizaje y del medio con el que nos comunicamos y que nos afecta constantemente”[1].

 a experiencia pedagógica, no se limita simplemente al conjunto de prácticas acumuladas a lo largo de los años. Es más bien una metamorfosis que experimentan los individuos, los  maestros, maestras y sus métodos, gracias a la creación de un saber pedagógico, moldeado por la reflexión sobre estas prácticas. Es este saber pedagógico el que otorga legitimidad y fundamentación a la experiencia pedagógica y al mismo maestro.

 Martín Heidegger[2], con relación a la experiencia expresa: “hacer una experiencia con algo significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma. Cuando hablamos de hacer una experiencia eso no significa precisamente que nosotros la hagamos acaecer; hacer significa aquí: sufrir, padecer, tomar lo que nos alcanza receptivamente, aceptar, en la medida que nos sometemos a ello. Hacer una experiencia quiere decir, por tanto: dejarnos abordar en lo propio por lo que nos interpela, entrando y sometiéndonos a ello”.

 ¿Qué es pasar de la práctica a la experiencia? Es fundamentalmente movimiento de pensamiento, desplazamiento del ser, transportarse de un quehacer rutinario y habitual a uno reflexivo; es un cambiar de entorno, de ambiente. Es hallarle sentido existencial a lo que se hace de buena gana, convencido e intencionado. Significa dejar sentir nuestra voz como maestros, evitando con ello, que otros hablen por nosotros.

 La experiencia es mirar la práctica pedagógica para interrogarla, darle sentido y dirección.  Es un viaje que va construyendo saber pedagógico en la medida que nos relacionamos con el otro, la otra,  los otros, las otras y sus saberes, en escenarios de actuación y lucha. Es visibilizar las relaciones de poder que subyacen en toda práctica pedagógica. “El poder es relación de fuerzas y se halla presente en la sociedad desde el primer momento, no es algo añadido con posterioridad. El poder se encuentra en todo fenómeno social, toda relación social es vehículo y expresión de poder. Por tanto, el poder es fuerza en relación con otras fuerzas, energía actuante que recorre, incita, suscita; no se posee, se ejerce, sólo existe en acto, es un ejercicio[3]”.

 

La experiencia pues, según Jorge Larrosa[4] es: “la conformación del ser. Como soy depende de mi experiencia, de mi saber formado en la experiencia. Lo que soy, es la expresión de mí que se construye entre el adentro y el afuera de mí; que se construye o constituye en el a través de mí, es decir, en el pasaje que realizo en mí, desde mí y fuera de mí o lo que soy, es el reflejo de mi viaje en mí y fuera de mí”.  

 

Elaborado por: Cesarsilvamejia@gmail.com                                           



[1] Echeverri, Juan. Artículo. La experiencia taller colaborativo. Los bordes de la pedagogía: del modelo a la ruptura. pp. 240

[2] Citado por Larrosa Jorge. La experiencia de la lectura.  Laertes. Barcelona, 1995. pp 20

[3] Michel Foucault. Citado por: Silva César. Articulo. Pedagogizando por los senderos de San Pedro. UPN. 2006. pp 12

[4] Citado por Martha Sarria. Ensayo. Prácticas, Saber y Experiencia. Santa Marta. 2006

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