PARADIGMA DE LA COMPLEJIDAD

 Los referentes conceptuales en la ENSSPA la llevan a sumir como enfoque pedagógico, una pedagogía crítico social materializada en una didáctica constructivista, esto implica que su quehacer formativo como comunidad académica la llevan a establecer tres pilares como soporte de su labor formativa; el primero los aportes del  Paradigma Crítico-Social propuesto por la Escuela de Frankfurt, en segunda instancia el paradigma de la complejidad como racionalidad para entender y asumir la realidad educativa y por último la corriente del constructivismo como la didáctica que materializa en las prácticas pedagógicas las intencionalidades del enfoque socio crítico. (Tomado del PEI, pág. 57.

 La teoría de la complejidad surge a mediados del siglo XX como un paradigma científico cuya finalidad es comprender la complejidad de la vida. Este paradigma, ofrece el sustento teórico necesario para estudiar entes muy complejos como la escuela, sin la necesidad de proceder a una reducción radical de las situaciones cotidianas que en ella ocurren. A partir de la cibernética, la teoría de los sistemas, la teoría de la información, la autoorganización en biología y el orden a partir del ruido, Edgar Morin construye un paradigma de la complejidad, un método: el pensamiento complejo.

 La denominación de pensamiento complejo, bastante conocida en las ciencias sociales, se refiere específicamente a la propuesta de transitar hacia una reforma del pensamiento, que se propone superar las maneras de producir saber, que reducen el conocimiento del todo al de las partes y lo descontextualizan, asumiendo la preeminencia de una causalidad universal, y avanzar hacia una forma de pensar que trata a la vez de vincular y de distinguir, pero sin desunir y que acepta  la incertidumbre, lo incierto, lo inesperado, lo indecible. “Lo inesperado nos sorprende porque nos hemos instalado con gran seguridad en nuestras teorías, en nuestras ideas y, estas no tienen ninguna estructura para acoger lo nuevo”[1]

 La complejidad no es una receta para conocer lo inesperado. Pero nos vuelve prudentes, atentos, observadores de la realidad real, no nos deja dormirnos en la mecánica y la trivialidad aparentes de los determinismos. Ella nos muestra que no debemos encerrarnos en el contemporaneísmo, es decir, en la creencia de que lo que sucede ahora va a continuar indefinidamente. Debemos saber que todo lo importante que sucede en la humanidad o en nuestra vida está lleno totalmente de incertidumbres. “Es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de un archipiélago de certezas.”[2]

El pensamiento complejo no rechaza, de ninguna manera, la claridad, el orden, el determinismo. Pero los asume insuficientes, sabe que no podemos programar el descubrimiento, el conocimiento, ni la acción. Todo esto debe incitar a nuestras mentes para esperar, lo inesperado.

Elaborado por: Cesarsilvamejia@gmail.com       


[1] Morin Edgar. Los siete saberes necesarios para la educación del Futuro. Mesa Redonda. 2001. pp 33

[2] Morín Edgar, op. Cit., pp 18

Comentarios